domingo, 18 de enero de 2026

Mazinger Z, el abuelito de Robocop

Dos generaciones de salvadoreños crecieron entre chatarras asesinas, un hombre que se apellidaba Infierno, frases acartonadas y un malvado genial, mitad hombre y mitad mujer -¿qué ondas ahí?-. Mazinger Z fue acaso la serie de muñequitos más exitosa de la televisión salvadoreña, y permitió a los jóvenes que ahora engrosamos las filas de la vergonzosa clase media comprender un poco de la idiosincracia japonesa.

Es un hombre serio. Trabaja de ocho a cinco, a veces mete horas extras para oprobio del jefe de personal, chinea con orgullo a sus dos bebitas y se embriaga las noches de viernes, platicando de la coyuntura nacional, su reciedumbre a bailar salsa u otros temas igual de pueriles. Es un salvadoreño común y corriente, que no entendería el amanecer sin el amor de su esposa -a la que no sabe si ama por pasión o por costumbre-, odia a los microbuseros y requeteodia a esos muñequitos sangrientos que le sustituyen por las tardes en el corazón de sus pequeñas.
 
Ahora grita barbaridades a sus subalternos, y elogios deshonestos a sus superiores, pero ese mismo tipo, hace veinte años, sólo tenía cinco frases en su vocabulario: juguemos fútbol, hay toque de queda, me gusta la vecina, scrander y pilder.

Las tres primeras frases no requieren mayor elucidación. Las dos últimas palabras, tampoco Pero, siguiendo esa fea costumbre de incurrir en la repetición y el hiperbaton, intentaré explicarlas, invocando un nombre: Mazinger Z.

Churritos y botonetas
Mi dentista no lo sabe, pero el noventa por ciento de mis caries son culpa de aquel robot.  Para disfrutar al máximo aquella media hora de peleas infernales me armaba de unos cuantos centavos -nunca supe de dónde los sacaba- y compraba diez bolsitas de botonetas y otro tanto de churritos. Ordenaba las botonetas en colores, y luego me comía las blancas, las amarillas, las rosadas... ¿Neurótico? Tal vez, pero aquella costumbre tan insólita -y fatal para mis muelas- era tan lógica como la de guardar profundo silencio mientras Koji Kabuto se empecinaba en coquetear con Sayaka y destruir enemigos a placer. 

Diez años antes, otros niños, comiendo arroz y pescado en lugar de chucherías tercermundistas, acaso padecieron la misma fiebre que yo. Por algo Mazinger Z es considerado el antes y el después de los mangas japoneses.
Como "manga" se entiende a los muñequitos animados de origen nipón. 

La palabra nació en 1958, cuando la ahora millonaria compañía de animación Toei Doga llevó a la televisión un clásico de la mitología china: La Serpiente Blanca.
Los siguientes años fueron de prueba y error, toda vez que el comic asiático se empecinaba en copiar los moldes del americano. Hacia 1963, el artista Osamu Tezuka, de la productora Mushi, dio por fin con el clavo: la palabra era robot. 

Mientras los yanquis mantenían con los rusos una verdadera guerra por hacerse con el espacio, y Yuri Gagarin se pavoneaba de haber dado cincuenta vueltas a la Tierra, los japoneses, aún marcados por el síndrome de Hiroshima y un ancestral temor al desarrollo, asumían de a poco la necesidad de incorporarse a un nuevo mundo, tecnologizado. Tetsuwan Atom (Astroboy, en buen castellano) fue el primer gran dibujo animado de la tele nipona. 

El muchachito, que volaba y hacía mil y una tonteras en blanco y negro, prendió la mecha, y le sucedió Tetsujin 28, otra máquina, más bien grande, creada por el lápiz de Mitsuteru Yokoyama. Si bien esta idea de un robotón justiciero no pudo competir con Godzilla o el Capitán Ultra -series actuadas que rescataban la satanización de la radioactividad-, una década después se convertiría en inclaudicable mina de oro... para los odontólogos. 

De Kimba a Kabuto 
Los sesentas contemplaron el nacimiento y muerte de tres grandes comics animados: Shonen Ninja Kaze no Fujimaru, Big X y Zero sen Hayato: un guerrero marcial, un soldado gigante que pelea con los nazis -¡ah, la memoria histórica!- y las aventuras de unos pilotos durante la Segunda Guerra Mundial, respectivamente.

Hacia 1965, Osamu Tezuka regresó a las andadas, ideando Jungle Taitei (Kimba, el León Blanco), que causó un verdadero furor. Basado en los trazos de los estadounidenses hermanos
Fleischer y en una historia de reivindicación personal y defensa de los preceptos monárquicos, Osamu se ganó el mote de Dios del Manga. La historia era tan hermosa que Disney Productions se basó en ella para "The Lion King" -aunque no lo admitirán jamás-. 

A fines de los sesentas vinieron nuevas ideas: chicas fresas, adolescentes rebeldes, de vez en cuando un karateca invencible. No había clic. El público joven quería algo más apegado a la realidad y menos a la bucólica visión de los dibujantes, que recurrían preferentemente a líneas argumentales al estilo de "Mujercitas" o el novelón rosa que a la violencia y el maniqueísmo intrínsecos al doctrinario japonés. 

La casa editorial Toei Doga, en asociación con la productora Dynamic Kikaku tuvo el acierto de dar a los aficionados lo que querían... y vino Mazinger Z. 

El protagonista, Koji Kabuto, no tiene padre -el doctor Kenzo murió hace años- ni madre, pero sí un hermanito insoportable -Shiro-, y una herencia difícil de asimilar: salvar al mundo de las manos del Doctor Hell, utilizando para ello un robot que debe pilotar sin manual de instrucciones ni escapulario. 
Su abuelo, el doctor Juzo Kabuto, construyó la máquina, bautizada como Mazinger Z, para contrarrestar la idea de uno de sus colegas -Hell- de conquistar el planeta utilizando las secretas artes de la construcción robótica de la civilización cretense (¡genial!). 

El robot mide 18 metros de alto, pesa 20 toneladas y puede alcanzar una velocidad de 360 kilómetros por hora. Está construido con la casi indestructible aleación zeta y energía fotoatómica. Es manejado merced a un pequeño jet que se instala en su cabeza, denominado pilder. Tiene la capacidad de arrojar rayos láser a través de los ojos, vientos huracanados por la boca, rayos fotónicos desde el pecho, misiles, una especie de taladros que le salen de los codos... Ah, y vuela luego de conectarse al scrander, que son una especie de alas impulsadas a propulsión. 

Era la primera vez en que el protagonista no era, ni un androide, ni un robot manejado a control remoto, sino desde adentro. Parece simple y tonto, pero eso -y la excelente caracterización de los personajes- hizo de Mazinger Z un clásico. La serie, de 92 episodios, fue dirigida por los animadores Yugo Serikawa, Tomoharu Katsumata, Nobuo Onuki y Bonjin, con arreglos musicales de Michiyaki Watanabe, y transmitida en Japón entre 1972 y 1974, con un éxito bestial. Luego fue llevada a Italia, Francia, Alemania, Estados Unidos y América Latina. Los resultados fueron igual de gratificantes, y le sucedieron una treintena de secuelas: Great Mazinger, UFO Robot Grandizer, Kotetsu Jeeg, Blocker Gundan Machine Blaster y demás. 

Tips inolvidables 
Si bien los preceptos generales de la historia son bastante occidentales -el bien contra el mal, el amor como paliativo de los desastres, la relación filial, los problemas inherentes a la adolescencia-, había algo en aquel muñeco que despertaba pasión.
Cuando pequeño, pensé que el secreto radicaba en los nombres de sus enemigos -Douglas M2, Barras K7, Genocider F5- o en la comicidad que suponían Boss (su amigo fanfarrón) y unos doctores cuyos nombres no recuerdo, que eran algo así como los Tres Chiflados.
Ahora, cuando recuerdo aquella etapa de mi niñez con una nostalgia aplastante y particular envidia en noches como ésta, llenas de silencio y melancolía, reparo en la sordidez de los villanos y en la fragilidad de los héroes. 

Es cierto, el Doctor Hell es un malo típico -cerebral, frío y desapasionado- pero su sirviente y jefe operativo, el Barón Ashler, por ejemplo, es desquiciante. Es un monje, mitad hombre y mitad mujer -cruda y cruel alegoría a la homosexualidad-, que se nos presenta tocando en un órgano la macabra Tocata en D Menor de Johann Sebastian Bach. 

El Conde Decapitado, que es otro lugarteniente de Hell, es un nazi con la cabeza separada del cuerpo merced a un artilugio tecnológico. El Duque Gorgón es mitad tigre y mitad hombre, y más malo que la leche cortada. En tanto, Sayaka es una quinceañera coqueta y reinvindicativa; Koji es un chico pelo largo, pendenciero, huérfano y con una promesa demasiado fuerte para su inmadurez: mantener segura a la humanidad. Afortunadamente, Mazinger vence a los 91 robots de Hell y su pandilla, hasta matar a Ashler, al Conde Decapitado y al mismísimo científico loco, y en el último episodio, es derrotado por dos robotones kilométricos, sólo para ser salvado en el último instante por otro Mazinger -Gran Mazinger, o Mazilga-, creado por su padre... que estaba vivo, trabajando en un laboratorio submarino, perfeccionando las técnicas del doctor Kabuto. 

El final también suena tonto, y quizá demasiado trillado, pero si usted se presenta una de estas noches al coloquio de cualquier grupo de treintañeros y les arroja el nombre de aquel semidiós de hojalata sin previo aviso, le aseguro que no recibirá reproches y mucho menos indiferencia. Es incluso posible que termine escuchando, cajetillas de cigarrillos de por medio, una larga charla sobre la calidad de los muñequitos de antes y la pobreza narrativa de los de ahora. Además, les hará un favor, devolviéndoles por unos minutos la esperanza perdida con el paso de los años y la multiplicación de las obligaciones, esas que, cuando fuimos niños, se reducían a contar botonetas, amar a nuestros padres y, de vez en cuando, pensar que con nuestros corazones bastaba para hacer de éste un mundo mejor. 

Los hijos de Mazinger 
El suceso de Mazinger Z supuso la reproducción de una centena de historietas, sustentadas en el mismo concepto y fácilmente olvidables. Rescato solamente cuatro, para no hartar al lector: 

Nombre: Great Mazinger o Mazilga 
Concepto original: Go Nagai 
Año: Septiembre 8 1974 a septiembre 28, 1975 
Producida por: Toei Doga Episodios: 56 Dirigida por: Tohomaru Katsumata, Takeshi Tamiya, Masayuki Akehi, Yasuo Sankichi, Detsuo Imazawa y Nobuo Onuki. 
Síntesis: Koji se ha marchado a estudiar a Estados Unidos, mientras su padre, Kenzo, ha terminado de construir al Gran Mazinger. El robot es pilotado por un hijo adoptivo del doctor Kabuto, Tetsuya Tsurugi. También hay una fémina, Jun Hono, que maneja a Venus Alpha, y unos malos horripilantes -por lo pobre de la idea, mitad plantas y mitad robots, que viven en el subsuelo. Mientras, Shiro, el hermano de Koji, ha crecido, y maneja un robot que se llama Junior Robot. 

Nombre: UFO Robot Grendizer 
Concepto original: Go Nagai 
Año: 1975 
Producida por: Toei Doga Episodios: 74 
Dirigida por: Tomoharu Katsumata, Masamune Ochiai y Masayuki Akemi. 
Síntesis: Duke Fleed es el príncipe del planeta homónimo, exiliado por el malvado King Vega, que quiere -¡cuándo no!- conquistar la galaxia. Duke escapa en una máquina que puede convertirse en robot, y llega a la Tierra, donde es adoptado por el profesor Umon. Luego, Vega intenta conquistar el globo terráqueo, y Duke decide combatirlo con su chatarra biónica, bautizada como Grendizer. A tales nobles efectos cuenta con la ayuda de tres robots: Marine Spacer, Drill Spacer y Double Spacer, este último manejado por Koji Kabuto. 

Nombre: Kotetsu Jeeg 
Concepto original: Go Nagai 
Año: 1975 Toei Doga 
Producida por: Toei Doga 
Episodios: 46 Dirigida por: Yoshio Nitta, Kazuja Miyazaki, Masayuki Akehi, Yugo Serikawa y Masamune Ochiai. 
Síntesis: Durante una excavación arqueológica, el profesor Shiba encuentra un cinturón de bronce con una inscripción. Los jeroglíficos aseguran que la perdida y malvada civilización de los Haniwa revivirá pronto para conquistar la tierra, y sólo una cosa puede detenerlos: un robot (otram vex). El cinturón contiene una fuente de poder magnético, que en manos del hijo de Shiba, Hiroshi, transforma a cualquier ser humano en una máquina inexpugnable: Steel Jeeg... etcétera, etcétera, etcétera. 

Nombre: Blocker Gundan Machine Blaster 
Concepto original: Toshihiko Sato 
Año: 1976 
Producida por: Ashi Production 
Episodios: 38 
Dirigida por: Toshihiko Sato Síntesis: La Tierra es invadida por los Moguru, una civilización malvada dormida durante milenios. El doctor Yuri, jefe de la Organización para la Defensa de la Tierra -ojo, no son ecologistas- decide organizar a cinco chicos con un poder especial, denominado Y Power, para conducir cada uno una máquina. Las cinco máquinas, ensambladas, forman un robot poderoso llamado Blocker Gundan Machine Blaster, que vence uno por uno a todos los monstruos creados por la maléfica Hellqueen.

Quino, cuando el cerebro se pone la capa

Este fue uno de varios artículos sobre cómics, historietistas y dibujantes del género que escribí y publiqué en El Diario de Hoy en 1999... sí, algo así como en la prehistoria. Sean indulgentes por favor, los publicaré poco a poco.


Como buen historietista, hizo suyos un estilo de dibujo y una narrativa insólitamente frescas. Como buen intelectual, no despreció al hombre de la calle, convirtiéndolo en protagonista de su discurso. Como buen latinoamericano, retrató la coyuntura y la estructura con fidelidad.
 
Joaquin Salvador Lavado es considerado por muchos como el pionero del nuevo comic latinoamericano, como el pampero que dejó marcado con su paso, por los llanos campeados por la desidia, un camino que luego seguirían otros insignes como su connacional Fontanarrosa y el extremista Rius -igualmente genial-.¡Y eso que nunca se tomó la sopa!

Su hija predilecta odia la sopa. Mafalda reivindica el valor del churro y el chocolate, acaso poco nutritivos pero no por eso menos deliciosos, por sobre el oprobio vitamínico de ese esperpento denominado caldo. Sin embargo, su padre hizo del menjurje aguado la clave de un éxito de 43 años, los que cuenta como profesional de la historieta.

Fundiendo en uno solo unos gramitos de surrealismo, una poca de absurdo, mucha introspección y un sobrecito de existencialismo y cotidianeidad -en cubitos-, Joaquín Lavado se ganó un lugar de privilegio en el comic mundial, elevando la inteligencia a la categoría de superhéroe.

Los primeros años
Quino -diminutivo de Joaquín- nació en Mendoza, Argentina, el 17 de julio de 1932. Menor de tres hermanos, apenas contaba tres abriles cuando su tío, un dibujante publicitario, le descubrió el mundo de los dibujitos, entreteniéndole toda una noche con sus monitos. Tras la muerte de su madre, en1945, y la de su padre, en 1948, el joven se entrega por completo al arte como sustituto del cariño. Luego de inscribirse -y abandonar muy pronto- la Escuela de Bellas Artes, dibuja su primera historieta con fines comerciales en 1950.

Ese primer intento no resultó del todo gratificante, y no logra vender ni uno solo de sus chistes. Tras cuatro años de insistencia, consigue que el semanario "Esto es" le publique algunas cosas, y el siguiente lustro sería un trabajo de hormiga soviética, metiendo un cuentecito por aquí y un refrancito por allá.

Contando, a los 28 años, con una buena colocación profesional, se casa con Alicia Colombo, que sería su compañera para toda la vida, y monta su primera exposición en una librería de Buenos Aires. Todo caminaba sobre ruedas para un hombre común y corriente, con expectativas comunes y corrientes y una capacidad intelectual común y corriente. Pero, tratándose de Quino...

En 1963, azuzado por su esposa, la fuerza nutricia para renacer todas las mañanas, publica su primer libro de recopilación de chistes gráficos, editado con el poco sugestivo título de "Mundo Quino". 

Medianamente aburguesado -"fresa", como diría Ana-, Joaquín se juega la estabilidad económica de su incipiente matrimonio, buscando dinero debajo de las piedras. Por otro lado, se la había cruzado entre ceja y ceja hacer una tira cómica de niños. Consciente que los infantes tienen, además de una ternura intrínseca, una psicología diferente, intuía el potencial de esa idea. Y un día, la necesidad y la gana se cruzaron a la vuelta de un café.

Su amigo Miguel Brascó lo contactó con Agens Publicidad. Los ejecutivos de la agencia publicitaria querían promocionar los electrodomésticos Mansfield, a través de una campaña encubierta, acaso una historieta que combinase al revolucionario Peanuts -Rabanitos- con la tradicional y clase mediera Blondie -Pepita-.

Quino acepta, e idea una familia promedio en la que pueden reconocerse a una niña de pelo duro, simpática pero no bonita, como personaje central. También están los padres de la beba, y una retahila de enanos poderosamente entrañables. A media labor, la agencia recuerda al artista una regla de oro: el nombre de todos los personajes debe comenzar con "M", en alusión a Mansfield.

No hay problema. Quino recuerda que en la novela "Dar la cara", de David Viñas, se habla de una pequeña llamada Mafalda, y adopta el nombre para su protagonista. Agens resuelve entregarle la tira al diario "Clarín", pero los editores perciben la publicidad encubierta y el acuerdo se rompe.

La campaña no se hace y los productos Mansfield nunca llegaron al mercado. Un poco abochornado, pero consciente de la calidad del trabajo, Quino lleva las tiras a "Gregorio", el suplemento humorístico de la revista "Leoplán", creado y dirigido por Brascó. Impresionado por el homenaje a "Periquita" que cree entrever en el dibujo, Brascó publica tres de las tiras. Dicen que hasta Julio Cortazar quedó prendado del personaje...

Exito mundial
Al año siguiente, a pedido de la revista de actualidad política Primera Plana, dirigido por su querido amigo Julián Delgado, Mafalda debuta oficialmente como tira cómica regular, el 29 de septiembre de1964. La efervescencia política en Argentina, dominada por el populismo militar y la oligarquía porteña, tocaron el hombro de Quino, que comenzó a darle texto a su personaje. Mafalda comenzó entonces a exhibir un inédito espíritu de justicia social, con humor pensante y cáustico. Siendo la sociedad argentina una que se precia de la palabra bien tratada y el juicio elaborado con puntillismo -por algo el resto de latinoamericanos los vemos con algo de recelo-, la creación de Joaquín hizo clic inmediato.

Con ella aparecieron sus padres, un típico matrimonio de clase media, y luego su hermanito Guille. A su alrededor estuvieron sus amiguitos: Manolito, el pragmático hijo del almacenero; Susanita, la que sueña con un hogar, y varios hijos; el autodesvalorizado Felipe; Miguelito, un simpático filósofo de lo intrascendente; y Libertad, una diminuta intelectual de izquierda.

El periódico "El Mundo" ofreció buena plata por la vedette, que salió de "Primera Plana" el 9 de marzo de 1965.

Al año siguiente se produce la primera recopilación de tiras de Mafalda en un libro. La edición se agotó en dos días, y si bien en diciembre de 1967 "El Mundo" desaparece, Quino continúa trabajando, de suerte que con su mudanza al semanario "Siete días", en 1968, el éxito continúa in crescendo. Comienza a publicarse en varios países de Sudamérica, y en 1969 surge "Mafalda, la Contestaria", primer libro europeo dedicado al personaje. La edición italiana fue prologada por el intelectual Umberto Eco, quien escribiría en uno de los acápites, que la nena es una "heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es... reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo de un universo adulterado por los padres". Luego, el madrileño semanario "El Triunfo" empezaría a publicar otros trabajos del dibujante argentino.

El adiós
El tipo estaba volviéndose loco, haciendo tiempo para sentirse cansado. En 1972, tras firmar contratos de merchandising para evitar especulaciones con el personaje,debe colaborar en la producción de una serie animada de Mafalda, dirigida por Catú, y todavía se permite, en colaboración con la editorial Siglo XXI, publicar su segunda antología de chistes gráficos, denominada "A mi no me grite".

Ortodoxo, tal vez demasiado tímido, pero en todo caso consecuente con el contacto personal exigido por su creación, Quino no se apoyaba en nadie para trabajar, a diferencia de las grandes casas editoriales yanquis -DC Comics o Marvel Comics-. Agotado, repetitivo, decidió poner fin a las andanzas de su famosa hija. El 25 de julio de 1973, se presenta, con cara de pocos amigos y una lágrima en el alma, a la redacción de "Siete días", y entrega las cuatro últimas tiras de Mafalda. Se traslada a vivir a Milán, y desde entonces produce 13 libros de humor gráfico: "Yo que Usted" (1974), "Bien gracias y Ud...?" (1976), "Hombres de Bolsillo" (1977), "Gente en su sitio" (1978), "La Buena Mesa" (1980), "Ni arte ni parte" (1981), "Dejenme Inventar", (1983), "Quinoterapia" (1985), "Si, Cariño" (1987), "Potentes, Prepotentes e Impotentes" (19899, "Humano se nace" (1991), "Yo no fui" (1994) y "Que mala es la gente" 1996).

Mientras, Mafalda era homenajeada en 26 idiomas, y sólo en Argentina, sus libros vendieron veinte millones de copias. Ganador del Trofeo Palma de Oro del Salón Internacional del Humorismo, nombrado "Caricaturista del Año" en Montreal, y "Ciudadano Ilustre como Maestro del Humor, la Sensibilidad y la Justicia de Proyección Nacional e Internacional" de Mendoza, incluso se le nomina rey de los restaurantes y cafeterías de Madrid, por haber contribuido con sus manifestaciones gráficas al prestigio y la difusión gastronómica. Claro, esa gente no vendía sopa.

Mazinger Z, el abuelito de Robocop

Dos generaciones de salvadoreños crecieron entre chatarras asesinas, un hombre que se apellidaba Infierno, frases acartonadas y un malvado g...