Es un hombre serio. Trabaja de ocho a cinco, a veces mete horas extras para oprobio del jefe de personal, chinea con orgullo a sus dos bebitas y se embriaga las noches de viernes, platicando de la coyuntura nacional, su reciedumbre a bailar salsa u otros temas igual de pueriles. Es un salvadoreño común y corriente, que no entendería el amanecer sin el amor de su esposa -a la que no sabe si ama por pasión o por costumbre-, odia a los microbuseros y requeteodia a esos muñequitos sangrientos que le sustituyen por las tardes en el corazón de sus pequeñas.
Ahora grita barbaridades a sus subalternos, y elogios deshonestos a sus superiores, pero ese mismo tipo, hace veinte años, sólo tenía cinco frases en su vocabulario: juguemos fútbol, hay toque de queda, me gusta la vecina, scrander y pilder.
Las tres primeras frases no requieren mayor elucidación. Las dos últimas palabras, tampoco Pero, siguiendo esa fea costumbre de incurrir en la repetición y el hiperbaton, intentaré explicarlas, invocando un nombre: Mazinger Z.
Churritos y botonetas
Mi dentista no lo sabe, pero el noventa por ciento de mis caries son culpa de aquel robot. Para disfrutar al máximo aquella media hora de peleas infernales me armaba de unos cuantos centavos -nunca supe de dónde los sacaba- y compraba diez bolsitas de botonetas y otro tanto de churritos. Ordenaba las botonetas en colores, y luego me comía las blancas, las amarillas, las rosadas... ¿Neurótico? Tal vez, pero aquella costumbre tan insólita -y fatal para mis muelas- era tan lógica como la de guardar profundo silencio mientras Koji Kabuto se empecinaba en coquetear con Sayaka y destruir enemigos a placer.
Hacia 1965, Osamu Tezuka regresó a las andadas, ideando Jungle Taitei (Kimba, el León Blanco), que causó un verdadero furor. Basado en los trazos de los estadounidenses hermanos
Fleischer y en una historia de reivindicación personal y defensa de los preceptos monárquicos, Osamu se ganó el mote de Dios del Manga. La historia era tan hermosa que Disney Productions se basó en ella para "The Lion King" -aunque no lo admitirán jamás-.
Churritos y botonetas
Mi dentista no lo sabe, pero el noventa por ciento de mis caries son culpa de aquel robot. Para disfrutar al máximo aquella media hora de peleas infernales me armaba de unos cuantos centavos -nunca supe de dónde los sacaba- y compraba diez bolsitas de botonetas y otro tanto de churritos. Ordenaba las botonetas en colores, y luego me comía las blancas, las amarillas, las rosadas... ¿Neurótico? Tal vez, pero aquella costumbre tan insólita -y fatal para mis muelas- era tan lógica como la de guardar profundo silencio mientras Koji Kabuto se empecinaba en coquetear con Sayaka y destruir enemigos a placer.
Diez años antes, otros niños, comiendo arroz y pescado en lugar de chucherías tercermundistas, acaso padecieron la misma fiebre que yo. Por algo Mazinger Z es considerado el antes y el después de los mangas japoneses.
Como "manga" se entiende a los muñequitos animados de origen nipón.
Como "manga" se entiende a los muñequitos animados de origen nipón.
La palabra nació en 1958, cuando la ahora millonaria compañía de animación Toei Doga llevó a la televisión un clásico de la mitología china: La Serpiente Blanca.
Los siguientes años fueron de prueba y error, toda vez que el comic asiático se empecinaba en copiar los moldes del americano. Hacia 1963, el artista Osamu Tezuka, de la productora Mushi, dio por fin con el clavo: la palabra era robot.
Los siguientes años fueron de prueba y error, toda vez que el comic asiático se empecinaba en copiar los moldes del americano. Hacia 1963, el artista Osamu Tezuka, de la productora Mushi, dio por fin con el clavo: la palabra era robot.
Mientras los yanquis mantenían con los rusos una verdadera guerra por hacerse con el espacio, y Yuri Gagarin se pavoneaba de haber dado cincuenta vueltas a la Tierra, los japoneses, aún marcados por el síndrome de Hiroshima y un ancestral temor al desarrollo, asumían de a poco la necesidad de incorporarse a un nuevo mundo, tecnologizado. Tetsuwan Atom (Astroboy, en buen castellano) fue el primer gran dibujo animado de la tele nipona.
El muchachito, que volaba y hacía mil y una tonteras en blanco y negro, prendió la mecha, y le sucedió Tetsujin 28, otra máquina, más bien grande, creada por el lápiz de Mitsuteru Yokoyama. Si bien esta idea de un robotón justiciero no pudo competir con Godzilla o el Capitán Ultra -series actuadas que rescataban la satanización de la radioactividad-, una década después se convertiría en inclaudicable mina de oro... para los odontólogos.
De Kimba a Kabuto
Los sesentas contemplaron el nacimiento y muerte de tres grandes comics animados: Shonen Ninja Kaze no Fujimaru, Big X y Zero sen Hayato: un guerrero marcial, un soldado gigante que pelea con los nazis -¡ah, la memoria histórica!- y las aventuras de unos pilotos durante la Segunda Guerra Mundial, respectivamente.
Hacia 1965, Osamu Tezuka regresó a las andadas, ideando Jungle Taitei (Kimba, el León Blanco), que causó un verdadero furor. Basado en los trazos de los estadounidenses hermanos
Fleischer y en una historia de reivindicación personal y defensa de los preceptos monárquicos, Osamu se ganó el mote de Dios del Manga. La historia era tan hermosa que Disney Productions se basó en ella para "The Lion King" -aunque no lo admitirán jamás-.
A fines de los sesentas vinieron nuevas ideas: chicas fresas, adolescentes rebeldes, de vez en cuando un karateca invencible. No había clic. El público joven quería algo más apegado a la realidad y menos a la bucólica visión de los dibujantes, que recurrían preferentemente a líneas argumentales al estilo de "Mujercitas" o el novelón rosa que a la violencia y el maniqueísmo intrínsecos al doctrinario japonés.
La casa editorial Toei Doga, en asociación con la productora Dynamic Kikaku tuvo el acierto de dar a los aficionados lo que querían... y vino Mazinger Z.
El protagonista, Koji Kabuto, no tiene padre -el doctor Kenzo murió hace años- ni madre, pero sí un hermanito insoportable -Shiro-, y una herencia difícil de asimilar: salvar al mundo de las manos del Doctor Hell, utilizando para ello un robot que debe pilotar sin manual de instrucciones ni escapulario.
Su abuelo, el doctor Juzo Kabuto, construyó la máquina, bautizada como Mazinger Z, para contrarrestar la idea de uno de sus colegas -Hell- de conquistar el planeta utilizando las secretas artes de la construcción robótica de la civilización cretense (¡genial!).
El robot mide 18 metros de alto, pesa 20 toneladas y puede alcanzar una velocidad de 360 kilómetros por hora. Está construido con la casi indestructible aleación zeta y energía fotoatómica. Es manejado merced a un pequeño jet que se instala en su cabeza, denominado pilder. Tiene la capacidad de arrojar rayos láser a través de los ojos, vientos huracanados por la boca, rayos fotónicos desde el pecho, misiles, una especie de taladros que le salen de los codos... Ah, y vuela luego de conectarse al scrander, que son una especie de alas impulsadas a propulsión.
Era la primera vez en que el protagonista no era, ni un androide, ni un robot manejado a control remoto, sino desde adentro. Parece simple y tonto, pero eso -y la excelente caracterización de los personajes- hizo de Mazinger Z un clásico. La serie, de 92 episodios, fue dirigida por los animadores Yugo Serikawa, Tomoharu Katsumata, Nobuo Onuki y Bonjin, con arreglos musicales de Michiyaki Watanabe, y transmitida en Japón entre 1972 y 1974, con un éxito bestial. Luego fue llevada a Italia, Francia, Alemania, Estados Unidos y América Latina. Los resultados fueron igual de gratificantes, y le sucedieron una treintena de secuelas: Great Mazinger, UFO Robot Grandizer, Kotetsu Jeeg, Blocker Gundan Machine Blaster y demás.
Tips inolvidables
Si bien los preceptos generales de la historia son bastante occidentales -el bien contra el mal, el amor como paliativo de los desastres, la relación filial, los problemas inherentes a la adolescencia-, había algo en aquel muñeco que despertaba pasión.
Cuando pequeño, pensé que el secreto radicaba en los nombres de sus enemigos -Douglas M2, Barras K7, Genocider F5- o en la comicidad que suponían Boss (su amigo fanfarrón) y unos doctores cuyos nombres no recuerdo, que eran algo así como los Tres Chiflados.
Ahora, cuando recuerdo aquella etapa de mi niñez con una nostalgia aplastante y particular envidia en noches como ésta, llenas de silencio y melancolía, reparo en la sordidez de los villanos y en la fragilidad de los héroes.
Cuando pequeño, pensé que el secreto radicaba en los nombres de sus enemigos -Douglas M2, Barras K7, Genocider F5- o en la comicidad que suponían Boss (su amigo fanfarrón) y unos doctores cuyos nombres no recuerdo, que eran algo así como los Tres Chiflados.
Ahora, cuando recuerdo aquella etapa de mi niñez con una nostalgia aplastante y particular envidia en noches como ésta, llenas de silencio y melancolía, reparo en la sordidez de los villanos y en la fragilidad de los héroes.
Es cierto, el Doctor Hell es un malo típico -cerebral, frío y desapasionado- pero su sirviente y jefe operativo, el Barón Ashler, por ejemplo, es desquiciante. Es un monje, mitad hombre y mitad mujer -cruda y cruel alegoría a la homosexualidad-, que se nos presenta tocando en un órgano la macabra Tocata en D Menor de Johann Sebastian Bach.
El Conde Decapitado, que es otro lugarteniente de Hell, es un nazi con la cabeza separada del cuerpo merced a un artilugio tecnológico. El Duque Gorgón es mitad tigre y mitad hombre, y más malo que la leche cortada.
En tanto, Sayaka es una quinceañera coqueta y reinvindicativa; Koji es un chico pelo largo, pendenciero, huérfano y con una promesa demasiado fuerte para su inmadurez: mantener segura a la humanidad. Afortunadamente, Mazinger vence a los 91 robots de Hell y su pandilla, hasta matar a Ashler, al Conde Decapitado y al mismísimo científico loco, y en el último episodio, es derrotado por dos robotones kilométricos, sólo para ser salvado en el último instante por otro Mazinger -Gran Mazinger, o Mazilga-, creado por su padre... que estaba vivo, trabajando en un laboratorio submarino, perfeccionando las técnicas del doctor Kabuto.
El final también suena tonto, y quizá demasiado trillado, pero si usted se presenta una de estas noches al coloquio de cualquier grupo de treintañeros y les arroja el nombre de aquel semidiós de hojalata sin previo aviso, le aseguro que no recibirá reproches y mucho menos indiferencia. Es incluso posible que termine escuchando, cajetillas de cigarrillos de por medio, una larga charla sobre la calidad de los muñequitos de antes y la pobreza narrativa de los de ahora.
Además, les hará un favor, devolviéndoles por unos minutos la esperanza perdida con el paso de los años y la multiplicación de las obligaciones, esas que, cuando fuimos niños, se reducían a contar botonetas, amar a nuestros padres y, de vez en cuando, pensar que con nuestros corazones bastaba para hacer de éste un mundo mejor.
Los hijos de Mazinger
El suceso de Mazinger Z supuso la reproducción de una centena de historietas, sustentadas en el mismo concepto y fácilmente olvidables. Rescato solamente cuatro, para no hartar al lector:
Nombre: Great Mazinger o Mazilga
Concepto original: Go Nagai
Año: Septiembre 8 1974 a septiembre 28, 1975
Producida por: Toei Doga
Episodios: 56
Dirigida por: Tohomaru Katsumata, Takeshi Tamiya, Masayuki Akehi, Yasuo Sankichi, Detsuo Imazawa y Nobuo Onuki.
Síntesis: Koji se ha marchado a estudiar a Estados Unidos, mientras su padre, Kenzo, ha terminado de construir al Gran Mazinger. El robot es pilotado por un hijo adoptivo del doctor Kabuto, Tetsuya Tsurugi. También hay una fémina, Jun Hono, que maneja a Venus Alpha, y unos malos horripilantes -por lo pobre de la idea, mitad plantas y mitad robots, que viven en el subsuelo.
Mientras, Shiro, el hermano de Koji, ha crecido, y maneja un robot que se llama Junior Robot.
Concepto original: Go Nagai
Año: 1975
Producida por: Toei Doga
Episodios: 74
Dirigida por: Tomoharu Katsumata, Masamune Ochiai y Masayuki Akemi.
Síntesis: Duke Fleed es el príncipe del planeta homónimo, exiliado por el malvado King Vega, que quiere -¡cuándo no!- conquistar la galaxia. Duke escapa en una máquina que puede convertirse en robot, y llega a la Tierra, donde es adoptado por el profesor Umon. Luego, Vega intenta conquistar el globo terráqueo, y Duke decide combatirlo con su chatarra biónica, bautizada como Grendizer. A tales nobles efectos cuenta con la ayuda de tres robots: Marine Spacer, Drill Spacer y Double Spacer, este último manejado por Koji Kabuto.
Nombre: Kotetsu Jeeg
Concepto original: Go Nagai
Año: 1975 Toei Doga
Producida por: Toei Doga
Episodios: 46
Dirigida por: Yoshio Nitta, Kazuja Miyazaki, Masayuki Akehi, Yugo Serikawa y Masamune Ochiai.
Síntesis: Durante una excavación arqueológica, el profesor Shiba encuentra un cinturón de bronce con una inscripción. Los jeroglíficos aseguran que la perdida y malvada civilización de los Haniwa revivirá pronto para conquistar la tierra, y sólo una cosa puede detenerlos: un robot (otram vex). El cinturón contiene una fuente de poder magnético, que en manos del hijo de Shiba, Hiroshi, transforma a cualquier ser humano en una máquina inexpugnable: Steel Jeeg... etcétera, etcétera, etcétera.
Nombre: Blocker Gundan Machine Blaster
Concepto original: Toshihiko Sato
Año: 1976
Producida por: Ashi Production
Episodios: 38
Dirigida por: Toshihiko Sato
Síntesis: La Tierra es invadida por los Moguru, una civilización malvada dormida durante milenios. El doctor Yuri, jefe de la Organización para la Defensa de la Tierra -ojo, no son ecologistas- decide organizar a cinco chicos con un poder especial, denominado Y Power, para conducir cada uno una máquina. Las cinco máquinas, ensambladas, forman un robot poderoso llamado Blocker Gundan Machine Blaster, que vence uno por uno a todos los monstruos creados por la maléfica Hellqueen.




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